El hilo que nos une

Acabo de llegar de un evento de esos de los que no pasan por tu vida sin mas, hoy hemos celebrado el 50 aniversario del colegio Antonio Ulloa y claro, nos hemos juntado unos pocos a echar unas risas, pero lo mejor no son esas risas, lo mejor es el trasfondo de ciertas conversaciones que en un tono distendido dejan caer verdades inmutables.

Resulta que te juntas con gente que hace unos treinta años que no ves, alguna vez te los has encontrado pero de la conversación breve y cordial no sueles pasar, treinta años dan para mucho, dan para que cada uno haya sobrevivido de la mejor manera posible o como la vida le ha permitido, dan para que a algunos les haya dado tiempo a luchar contra alguna enfermedad, e incluso a bordear el abismo y llegamos, nos sentamos y nos ponemos a hablar como si nada, como si esos treinta años no fueran mas que el tiempo entre el café de ayer por la tarde y el almuerzo de hoy, como cuando nos despedíamos a la salida del colegio y al día siguiente nos veíamos de nuevo, porque no olvidemos que si, nos hemos separado treinta años, pero estuvimos juntos mucho tiempo en los primeros años de nuestras vidas, eso une, une mas allá de la simple amistad, une porque ciertos valores que se nos inculcaron en aquellos años, han quedado en nuestro interior y eso es un hilo conductor, es un hilo que nos une.

Coges el coche y te vienes de vuelta a tu casa, a tu hogar, vienes pensando en la tranquilidad que te aporta conducir en silencio por una carretera poco transitada y al atardecer de una tarde de junio. Piensas en que treinta años han pasado tan rápido que te da hasta vértigo pensarlo, han pasado tantas cosas, tantas vivencias que una simple quedada no es suficiente para poder contarlas y de repente me despierto, me quedo mirando a la carretera y pienso en que hay muchas cosas que me cuesta recordar, que me he encontrado a gente con la que viví cosas inolvidables y prácticamente no me acordaba de sus caras, eso me llega a un sentimiento un tanto angustioso, da igual lo que hayas hecho, lo que hayas vivido, eso ya ha pasado y no hay vuelta atrás (tampoco hay que ser filósofo para llegar a esa conclusión) ya no puedes volver atrás para retomar contacto con esa gente de la que ya no me acordaba, pero por suerte has tenido este encuentro hoy, en este momento exacto, ni antes ni después.

Lo mejor de este tipo de eventos es la cantidad de información que absorbe tu cerebro, no hablamos de información en su mas estricto significado de la palabra, me refiero a que escuchando las vivencias que los demás relatan, te das cuenta de la de vueltas que da la vida y la de posibles caminos que la tuya propia podía haber llevado, es entonces ahí, en ese mismo instante cuando te das cuenta de lo que te enriquece una reunión así. Yo adoro mi vida, mi gente, mi familia, todo lo que me rodea, soy consciente de la suerte que tengo y que muchos de nosotros tenemos, pero estas reuniones, estas conversaciones con personas, con amigos unidos por un pasado común, hijos de una misma era y valores, conversaciones que superan en muchísimo a cualquier contacto virtual, enriquecen de una manera abismal el valor de lo que amas, porque te das cuenta de que todo es altamente volátil, que todo está ahí para disfrutarlo ahora, un ahora tan efímero como un segundo.

Pues si, me ha marcado esta quedada, me ha hecho querer aún mas a los míos, he sentido abrazos como hace tiempo no siento y ha despertado en mi las ganas de hablar, simplemente hablar con aquellos con los que he compartido infinidad de momentos, que ahora están ahí, que estuvieron y por circunstancias de la vida nos separamos, unos mas que otros, pero no debe quedarse la cosa en un simple «a ver si quedamos» o «cuando vengas llama y nos vemos» porque al final eso se queda en nada y tal vez llegue un momento en el que me arrepienta de no haber llamado por teléfono a mi amigo para buscar diez míseros minutos para compartir un café y preguntarle por su vida, su familia… odio enormemente preguntar y que me den malas noticias, sobre todo cuando vienen de alguien a quien podría considerar un hermano/a.

Básicamente el evento lo resumo en una sola frase que ha salido a colación en una conversación, la he pronunciado yo pero me la dijo un amigo no hace mucho (por whatsapp, ironías de la vida)

«Hay que hacer cosas, que luego, morirse es un segundo»

Hagamos cosas, pero no es necesario subir el Everest o coger una mochila y perderse por Tailandia (que también si es lo que te pide el cuerpo) hagamos cosas que son tan sencillas que las pasamos por alto, simplemente vivamos minuto a minuto y trabajemos por no romper ese hilo que nos une.

Simplemente gracias a quien tuvo la idea de juntarnos.

Nos vemos!