Siesta

Cuatro y media de la tarde, la persiana dejaba pasar la cálida luz del sol que impactaba directamente en mi cara. El aire frío del invierno que acaba de entrar por la puerta, no invita a moverse de la cama y el calor de la colcha me absorbe  y transporta a un sueño incomparablemente maravilloso…

Así transcurrieron muchas tardes, cientos de tardes, no había nada mas importante, absolutamente nada en el mundo podía hacer que pudiera desear estar en cualquier otro sitio. Muchas de aquellas tardes me dormía con la ropa de la bici puesta con la intención de dormir cinco minutos y saltar de la cama para salir disparado en mi flamante Alcotan Starday del Pryca, que recuerdos.

Y de repente aquí me encuentro, mas de veinte años después, transportándome a ese momento, como si de una máquina del tiempo se tratara, que mis dudas tengo de que no sea así, solo que toda vez que despiertas te devuelve al presente. En aquel entonces jamás imaginé que la vida iba a dar tantas vueltas, que me regalaría tantas aventuras, tanto dolor, tantas alegrías. Que muchas de esas fantasías quijotescas se harían realidad y que tantas otras se quedarían en el camino, en parte por circunstancias normales de la vida y en parte por razones directamente vinculadas a mi afán por esas siestas, es decir, por gandul.

Todos los inviernos me pasa lo mismo, el cambio de hora me cortocircuita algo en la cpu que me aletarga, me mata un poco la chispa esa que te hace salir cortando con la bici o a correr. Me llama mas estar sentado en casa leyendo o viendo alguna serie/peli. Podría contar unas mil o dos mil millones de veces las que me he dicho mentalmente “venga, luego salgo y hago tantos kms, tantas series…” o “esta noche me siento a estudiar…” pero no, no fue así, los años fueron pasando, las lluvias se fueron y volvieron durante mucho tiempo hasta hoy.

Pero oye, solo han pasado un par de décadas y ahora a los cuarenta me encuentro mejor que antes, todavía hay oportunidad de subir esas montañas, de nadar esos lagos y de saltar esos acantilados. Tengo amigos que a día de hoy acaban de encadenar su primer 7b+ que no es moco de pavo, otros tantos que se aventuran a estas alturas con el triatlon, el patinaje o el piragüismo e incluso algunos se han puesto a estudiar, porque no?

La siesta, ese momento de extrema paz y meditación que sin darte cuenta puede cambiar tu vida, suena exagerado pero así es. Puede que en algún momento de tu vida te encuentres agobiado por algo, no sepas para donde tirar, que todo se te venga encima… pero una siesta son veinte minutos de tu vida que no suponen nada y lo pueden arreglar todo, de ahí dichos como “lo voy a consultar con la almohada”.

Hoy he tenido uno de esos momentos, uno de esos viajes temporales, estaba despertando de una leve siesta, he sentido el aire fresco en mi cara, he sentido que tenía dieciséis años, que ahí fuera me esperaba un mundo lleno de aventuras por descubrir pero no, he abierto los ojos y me he dado cuenta de que estaba aquí, con unos años mas y la aventura la tenía delante de mi, durmiendo plácidamente y es que con cinco y dos años no se puede dormir de otra manera una siesta. Si, esa es la aventura que ahora me toca vivir, una maravillosa, alocada y vertiginosa aventura junto a mi compañera de ruta, pero oye, porque no?! Siempre hay tiempo para dar una vuelta en bici, correr un rato por el monte o incluso desempolvar los gatos y las cuerdas… porque si algo bueno tienen los cuarenta, es que ya lo tienes todo bastante claro y si no, una siesta, una sutil y reparadora siesta te lo deja.

 

9 thoughts on “Siesta

    • Oh! Nos conocemos desde hace muchos años y puedo decir que tus palabras son sinceras puesto que a poca gente he conocido que adore tanto dormir jajajajjaj

      un abrazo!!!!!

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